Una cita conmigo misma
Desde
que tengo memoria siempre me llamó la atención la música clásica, y, algo que
resalto de las películas de Barbie en la época de los 2000 es que había muchísimo
de eso, pero siempre acompañado de una danza de mímicas teatral y asombrosa
llamada Ballet. El complemento entre las canciones y el baile era tan fino y
delicado, incluso elegante y eso me hacía prestar atención cada vez más.
Tal vez en algún momento pensé que me gustaría aprender este arte, pero luego
caí en conclusión de que para mi es más mágico solo admirarlo y disfrutar de ese
magnifico momento.
Con
el paso del tiempo dejé de tener contacto con este arte debido a las obligaciones
con las que iba creciendo, pero intentaba darme una oportunidad cada vez que
estudiaba, al igual que lo hago ahora mientras escribo y suena de fondo ‘‘El
lago de los Cisnes’’ de Piotr Ilich Chaikovski. Sin embargo, quedó siempre el deseo de ir
a ver el Ballet en vivo, pues nunca tuve la oportunidad.
El mes pasado, revisando una red social, apareció una publicación
del Gran Teatro Nacional del Perú donde daban la oportunidad de asistir a una
presentación en vivo por un bajo precio. Me emocioné muchísimo y algo nerviosa
busqué la página de compra y aunque mi primera intención era comprar dos
entradas para ir con alguna amistad, al encontrar sólo cupo para una persona, me
alegré más. Pues era una buena oportunidad de conectar sola con el arte y además
de darme un tiempo para mí y disfrutar de algo que siempre me gustó. A lo que
yo llamo ‘’una cita conmigo misma’’.
Luego de realizar la compra estuve muy entusiasmada
contando los días que faltaban para poder asistir a este evento tan importante.
Estuve buscando la ropa que usaría, pensando en el peinado, el maquillaje, en
la hora en la que llegaría.
Algunos familiares y amigos preguntaron por qué la
preocupación sobre la vestimenta y el maquillaje, pues lo primero que se le viene
a la cabeza es que quiero impresionar a la gente del evento. Pero yo siempre he
pensado que asistir al teatro ya sea para ver una obra o una danza, es muy especial
y elegante y uno debe vestir de acuerdo a la ocasión. Para mí, es tan bonito y
majestuoso que, aunque no me guste la vestimenta formal, me nace hacerlo porque
es una ocasión de suma importancia, afecto y compromiso con el arte, tal cual era
en aquellas épocas donde se crearon las mejores piezas de música clásica.
Llegado el día, me apresure a alistarme y alistar todos
los documentos y cosas que debía llevar. Mi corazón estaba tan acelerado y me
sentía tan nerviosa de ver el Ballet por primera vez que ni pude almorzar debido
a los vómitos por la emoción. Luego de llegar al teatro y presentar mi entrada,
pude ver por dentro la magnifica escenificación del lugar por dentro que
anonadada caminaba admirando todo y buscando el piso y la puerta para poder ingresar.
Luego de encontrarla, una señorita me ayudó a encontrar y encontrar mi asiento.
Apenas crucé por la puerta que parecía seguir un camino oscuro, con las linternas
alumbrando el suelo marmoleado, entre por un pasillo y de la nada se iluminó
todo el escenario. Estaba dentro del Gran Teatro Nacional por primera vez y mis
ojos desbordaban emoción con tan solo ver lo precioso que era todo. Ni siquiera
me había sentado ni había empezado la obra, pero yo ya tenía ganas de llorar.
Los asientos de madera y cojín azul, los pisos iluminaban el gigante teatro. Desde
el cuatro piso, que era donde yo estaba, se podía apreciar las distintas
personas que asistían. Algunos iban con amigos, otros en pareja, y otros en
familia. Fue muy especial ver niños con sus abuelos y padres yendo a ver algo
tan importante como es el Ballet. Por supuesto, también había personas como yo
que fueron solas. Imagino que deben sentir la misma pasión y admiración por
este arte que la compañía no es tan necesaria cuando se trata de pasar un buen
momento.
Me senté y como había llegado muy temprano, me tocó
ver como se iba llenando el teatro poco a poco. También escuché los anuncios de
la primera, segunda y tercera llamada de inicio del show que fue presentada en
español y quechua.
Luego de cuarenta minutos, se apagaron las luces y empezó la esperada obra en
Ballet "Sueño de una noche de verano" de William Shakespeare.
Fue una maravillosa adaptación de la obra teatral
homónima escrita en el siglo XVI, llevada a diferentes formas de arte a lo
largo de los años y como investigue, el ballet. Con música enérgica,
coreografía elegante y un despliegue de talento, esta producción iba cautivándonos
con su encanto y magia.
La historia se desarrollaba en un bosque encantado,
donde las hadas y los seres mágicos tenían el poder de influir en las emociones
y los destinos de los mortales. El duque Teseo se preparaba para casarse con la
hermosa Hipólita, pero el amor y el deseo se entrelazan entre los personajes de
una manera enredada y cómica.
La trama se complicó con la llegada de una compañía
de teatro aficionado que está ensayando una obra para presentarla en la boda de
Teseo y Hipólita. El elenco incluye a personajes como el ambicioso Puck, el
enredado Bottom y la apasionada Titania, reina de las hadas. Estos personajes
se encuentran enredados en una red de malentendidos y hechizos mágicos que
llevan a situaciones cómicas y a momentos de confusión.
El primer acto del ballet comienza con una escena
vibrante y colorida que representa la corte del duque Teseo. Los bailarines
interpretaban elegantes pas de deux, movimientos realizados conjuntamente entre
dos personas, llenos de gracia, mientras los personajes principales se presentaban
y se establecía las relaciones entre ellos. La música, compuesta especialmente
para esta producción, complementa perfectamente la energía y el estado de ánimo
de la escena.
A medida que la trama se desarrollaba, el bosque
encantado se convirtió en el escenario principal. Las hadas y los seres
mágicos, interpretados por bailarines etéreos y ágiles, danzan alrededor del
escenario creando un ambiente mágico. Los movimientos fluidos y los saltos
enérgicos de los bailarines daban vida a la magia y al misterio del bosque y mientras
la música se volvía más enérgica y juguetona, se reflejaba la intensidad y el
caos de la situación.
Uno de los momentos más destacados del ballet fué
el encuentro entre Puck y Bottom. Puck, el travieso y juguetón espíritu, decide
jugarle una broma a Bottom transformándolo en un ser mitad hombre, mitad burro.
La coreografía ingeniosa y el talento de los bailarines dan vida a este momento
cómico, mientras el público y yo nos deleitábamos con la actuación.
A medida que la obra avanzaba, los enredos amorosos
y las confusiones alcanzaron su punto máximo. Los bailarines expresaron las
emociones y los conflictos de los personajes a través de movimientos expresivos
y pas de deux llenos de tensión y drama. La música acompañó estos momentos con
melodías emotivas y poderosas, creando una atmósfera de suspense y
romanticismo.
Cabe resaltar que con cada escena mis ojos
brillaban más que la misma luna y que cuando la obra llegó al final y se
prendieron las luces, mis ojos y nariz estaban de color rojo como el tomate.
Sin duda, fue una experiencia maravillosa que nunca olvidaré.
Mientras caminaba a la salida, no podía dejar de
pensar en todo lo que había presenciado, y no pude evitar hacerme una promesa:
volver.

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